viernes, 22 de julio de 2016

LA MADRE COSMICA Por: Yogananda



LA MADRE CÓSMICA
Por: YOGANANDA.                     

La Madre del Universo, Jagadamba, aparece representada portando diversos dones en sus manos, es una de las muchas formas bajo la cual se le adora en la India como aspecto femenino de Dios.

¿Debemos considerar a Dios solamente como un infinito Espíritu impersonal desprovisto de toda forma y sexo?

¿No podemos apelar al Creador concibiéndole bajo un aspecto más familiar a la mente humana?
                                                               
En éste último caso, ¿cómo deberíamos llamarle, Padre o Madre?

En verdad, Dios es ambos, Padre y Madre.

Una porción de su Ser permanece siempre oculta más allá del espacio y del Universo, allí donde no existe sino sabiduría pura, tal es el aspecto de Dios como Padre.

La naturaleza entera en cambio, es una manifestación de Dios en su aspecto de Madre, pródiga en belleza, dulzura, bondad y ternura.

Las flores, las aves, los árboles, los ríos, todos hablan en su hermosura del espíritu creador y artístico del Señor en su aspecto Maternal.

No podemos evitar sonreír al pensar en la Madre con su vía Láctea plena de diamantes estelares, sus perfumadas flores, la risa de sus fluyentes aguas y su belleza manifestada en la creación entera.

Cuando contemplamos la fecundidad de la tierra, el desarrollo de las plantas y los seres, el amor de todas las criaturas hacia sus pequeñuelos, una honda ternura surge en nuestro interior, vemos y sentimos aquí el instinto maternal de Dios.

Y si en algunas ocasiones, la conducta de la naturaleza se nos torna cruel e inexplicable (en la India se le da el nombre de Kali a la Madre cuando se presenta bajo éste aspecto), asi también suelen parecerle al niño algunas de las medidas disciplinarias y protectoras de su Madre.

Cuando nos sentamos en medio de un bosque sombreado y silencioso, cuando en la cumbre de una montaña nos erguimos bajo el azul del cielo, cuando hollamos la blanca arena junto a un mar refulgente, no podemos dejar de experimentar una cierta ternura en nuestro interior, esta es nuestra reacción frente al aspecto Maternal de Dios.

Si al cerrar los ojos evocamos interiormente la imagen del vasto espacio, nos sentiremos fascinados por el sentimiento de la infinitud, y no percibiremos en ella sino la vibración de la sabiduría pura, nada más que sabiduría.

He aquí el aspecto de Dios como Padre, la ilimitada esfera en la cual no existe creación alguna, ni planetas, ni estrellas, sino solo el uniforme poder de la sabiduría.

Este es el Padre.

Así pues, Dios es tanto un Padre como una Madre.

Cuando se concibe a Dios como una trinidad compuesta por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, podemos ver en el Espíritu Santo a la Madre, en la creación entera al Hijo, y en el Señor mismo al Padre.

Así como la Madre se refleja en su Hijo, la Naturaleza se refleja en la creación.

Dios en su aspecto de Padre y Madre dio nacimiento al Hijo, el cual es un símbolo o expresión de su amor.

Y nosotros, como parte de la creación, integramos aquél símbolo del amor divino.

En la familia humana, podemos ver una reproducción en miniatura de aquella gran familia Divina.

Dios se manifiesta tanto en el padre como en la madre, y en la expresión de su amor mutuo, el hijo.

¿A qué se debe que ésta trinidad se exprese en la familia humana?

Ello ocurre porque los hombres somos parte de Dios y Él es esa trinidad.

El creador con su sabiduría infinita y en su sentir infinito, dio origen a vehículos a través de los cuales deseaba Él expresar tales cualidades.

Y ha sido así como al manifestarse la creación, la sabiduría del Señor asumió la forma del padre, y su sentir adoptó la forma de madre.

Cada uno de nosotros no es sino una expresión parcial del infinito, ya que el padre humano actúa siempre de acuerdo a la razón, mientras que la madre es guiada por el sentimiento, y ambos son imperfectos.

El padre procura educar al hijo a través de la razón y la fuerza, en tanto que la madre lo hace mediante el sentimiento y la ternura.

Al golpear a una criatura que se encuentra semi ahogada en la maldad, con el objeto de salvarla de tal desesperado estado, la severidad del padre solo conseguirá hundirla más en el mal.

La madre en cambio dirá “enseñadle a través del amor”.

En ocasiones conviene hacer uso de una cierta austeridad, mientras que en otras es preferible brindar una gran dosis de amor.

Mas si el niño recibiese solamente dulzura, éste exceso le perjudicaría.

Ambos aspectos de Dios son necesarios para mantener el equilibrio.

Si bien el amor paternal es ocasionalmente demasiado severo, el amor maternal tampoco es perfecto.

Fritz Kreisler comentó en cierta ocasión... ¨ mi madre me amaba tan profundamente que se opuso siempre a que yo abandonara Europa, sin embargo yo no sería Kreisler hoy día si no hubiese afrontado el amor de mi madre.¨

Semejante amor es egoísta y esclavizante.

DIOS MANIFESTADO EN EL PADRE HUMANO:

Jesús solía referirse a Dios en su aspecto de Padre.

Algunos santos hablan de Dios como Madre.

Si concebimos a Dios en su aspecto trascendental no podemos considerarle como Padre ni como Madre, no obstante, tan pronto como pensamos en Él en términos humanos, Dios se convierte en el padre, la madre, el amigo, el hijo, o el Bienamado.

Y vemos entonces que tanto la maternidad como la paternidad de Dios se encuentran presentes en nuestra propia familia.

Personalmente cuando pienso en mis padres, jamás les considero simplemente como un padre o una madre humanos, sino manifestaciones celestiales del Señor.

Aún cuando todo hombre es una encarnación de la sabiduría de Dios, en ocasiones parece difícil apreciar éste hecho.

Habrá quienes dirán quizás...¨ tal vez el Padre Celestial resida en éste hombre, más él parece tan malo que me es imposible percibir divinidad alguna en su ser ¨.

No obstante, deberíamos ser capaces de aislar el bien del mal.

Si cubrimos de lodo una pepita de oro por ejemplo ¿diremos por ello que el oro se ha desvanecido?

Ciertamente que no, el sentido común nos indica que éste yace oculto bajo el lodo.

Tanto la razón como el sentimiento, en sus expresiones más elevadas, están provistos de cualidades intuitivas.

Asi por ejemplo, la razón pura manifestada en el hombre, es capaz de discernir tan claramente, como el sentimiento puro encarnado en la mujer.

Es un hecho reconocido el que las mujeres están dotadas de una aguda intuición, solamente cuando se excitan con emociones negativas, pierden ellas tal capacidad.

Más la razón en su aspecto más elevado es también una facultad intuitiva.

Si basamos una conclusión en una premisa errada, tal conclusión también será equivocada.

La intuición en cambio jamás puede equivocarse.

El hombre divino alcanza un estado de equilibrio perfecto, a través del desarrollo de las cualidades tanto paternales como maternales de su ser.

Al concentrarse en el corazón, puede él desarrollar las buenas cualidades del aspecto maternal de Dios.

Y si se concentra en cambio a nivel del ojo espiritual, el centro de la sabiduría (ubicado sobre el entrecejo) cultivará las cualidades paternales del Señor.

Cuando yo me concentro en el corazón, experimento la infinita ternura de la Madre, y siento allí un divino gozo.

Y toda la sabiduría del Padre brilla para mí en el centro de dicha cualidad, cuando concentro mi atención en Él.

El hombre perfectamente equilibrado, es capaz de sentir hacia todo ser el mismo amor de la madre hacia sus hijos.

Eso es lo que sintió Jesucristo, y por ello pudo decir...¨ Padre , perdónales porque no saben lo que hacen ¨.

¿Cómo le fue posible a Él sentir semejante amor por aquellos que le estaban crucificando?

Cristo había desarrollado en su ser tanto el aspecto maternal como el paternal de Dios.

Aquellos hombres provistos de lanzas que estaban clavándole a la cruz, no eran para él sus enemigos, sino sus hijos.

¿Quién sino una Madre podría haber experimentado lo que Jesús sintió?

Aun cuando aquellos hombres eran incapaces de comprender, ellos eran sus hijos.

Cuando una madre es torturada por su hijo, lo único que le preocupa es lo que le pueda sobrevenir a éste.

Esto fue lo que sintió Jesús.

Pienso que si hubiese dicho... ¨Madre, perdónales, ésta habría sido una expresión aún más tierna de su amor.

Todo ser humano (en verdad, todo hombre, ya que todos son potencialmente padres) debiera recordar que su cuerpo y su mente son un templo del Padre Celestial, un templo que no debería ser profanado por bajas pasiones.

Tales templos corporales no debieran albergar jamás ni pasiones ni deseos bajos.

Y aún más, todo padre debería recordar que el Ser divino mora en el templo de su propio ser.

La suprema creación del padre humano, es cultivar sus propios pensamientos espirituales, considerándolos como sus hijos divinos, y producir en sus hijos terrenales, pensamientos divinos.

Cada padre, al sentir la tentación de reconvenir a su hijo con dureza, debería pensar lo siguiente... ¨mi mente debe ser cual ventana transparente, a través de la cual la luz del Padre se derrame sobre mis hijos.  Sus hijos.

Y puesto que mi voz es un instrumento del Padre Cósmico, no puedo yo hablar a mis hijos en mala forma.

¿Y quiénes son vuestros hijos?

Vuestros hijos terrenales no son vuestra única responsabilidad, todos ellos os serán arrebatados algún día.

El Señor os ha dotado de ésta relación humana, en particular, solo con el objeto de capacitaros para ofrecer sabia guía y protectora ayuda a toda mujer desvalida y a todo niño que cruce vuestro camino.

Toda mujer por otra parte, debería irradiar su puro amor maternal hacia cada hombre y cada criatura que encuentre, cuando quiera que sea necesario proteger o ayudar a alguien a levantarse del pozo en que ha caído, debería ella ofrecer su amor materno.

Personalmente, veo tal aspecto maternal en cada mujer.

No hay nada que pueda igualarse a aquella simpatía pura e incondicional que la mujer puede brindarle al hombre.

Todo hombre capaz de ofrecerle a cada mujer el respeto que se merece, comenzará muy pronto a ver en ella algo de lo cual jamás se había percatado anteriormente.

Más, quien mira a la mujer como un mero objeto de lujuria, cultiva ese mismo mal dentro de sí.

El instinto maternal le fue concedido a la mujer a fin de que ella pudiese salvar al hombre de las garras del mal, tal es el propósito de la mujer.

Ella no fue creada para estimular la lascivia del hombre.

Hubo un gran santo que ejemplificó lo dicho anteriormente.

Ciertos discípulos suyos, deseando ponerle a prueba, le enviaron algunas hermosas prostitutas para tentarlo.

Más cuando ellas llegaron ante él, no hallaron ni lujuria ni ira en su reacción, irguiéndose rápidamente, en cambio el santo exclamó... Divina Madre, has venido hasta mi en éstas formas... te reverencio en todas ellas.

Ante tal conducta los discípulos arrepentidos le reverenciaron y las mujeres sensuales se prosternaron ante él avergonzadas.

El gran amor del santo lavó la lujuria que las contaminaba y fueron totalmente transformadas.

El hombre debería considerar a toda mujer como una madre.

¡Es tanto lo que pierde cuando mira a la mujer meramente como un objeto de pasión!

Un individuo puede ser juez en la corte suprema, más en su hogar, para su esposa él es un niño.

Debido a que el torrente del amor divino fluye a través de la madre, la cual es el instrumento humano de tal amor, aun los más grandes Maestros espirituales han honrado a sus madres.

Swuami Shakara por ejemplo, a pesar de sus votos (a través de los cuales había renunciado a todo lazo familiar, con el objeto de servir a una familia mayor, la humanidad), retornó junto a su madre cuando ésta yacía agonizante y cremó su cuerpo mediante una llama materializada en forma sobrenatural.

Toda mujer debería ser un instrumento del amor de la Madre Divina, sintiendo el mismo amor hacia el mundo entero.

Al inspirar a los hombres a través de semejante amor, la mujer entrega la mayor ofrenda la mayor bendición que posee.

Una mujer llena de odio e ira verá esas mismas cualidades en el hombre.

Por esto toda mujer debería evitar dejarse conquistar por sus estados de ánimo, manteniéndose siempre libre de toda emoción negativa.

Pues cuando es víctima de los celos o del odio, la mujer pierde aquella cualidad intuitiva que es el don especial que Dios le ha concedido.

Mi madre, por ejemplo poseía una gran intuición, porque su mente estaba libre de todo celo, odio e ira.

Es el deber de la madre el ofrecer su amor maternal a todos por igual, y no solamente a sus propios hijos.

Pero no es posible acudir a todos los seres del mundo y ofrecerles tal amor, podríais decir.

Existe, no obstante una vía más fácil, para desarrollar el amor incondicional.

Al meditar concentraos en el corazón, y afirmad: "siento a Dios como a la Madre Divina".

Luego, a tomar conciencia de ese gran amor irradie mentalmente a todas las criaturas de la tierra.

Cuando el amor de una madre alcanza tal grado de perfección que no hay ya en él ni limitación ni afán posesivo alguno, este se convierte en el amor de la Madre Divina.

Todas las madres están destinadas a ser una manifestación del amor incondicional de Dios.

Más las madres humanas son imperfectas, solo la Madre Cósmica es perfecta.

Cuando aprecio la ceguera de algunas madres humanas pienso, éste no es en verdad el ilimitado amor de la Madre Divina.

En esta forma, en lugar de ser un objeto de tentación, os convertiréis en un objeto de inspiración.

Bendigo a todas las madres y les digo: ¡Incluid a todos los seres en aquel amor que Dios a puesto en vuestros corazones!

Debéis sentiros orgullosas de que la Madre Divina, haya asumido vuestra forma con el objeto de ofrendar un amor tangible al mundo, no solamente a vuestros hijos, sino a todas las criaturas de la tierra.

Deberíais esforzaros por recordar siempre el hecho de que el amor Divino que fluye a través de vosotras es incondicional.

No es vuestro amor, sino el amor de la Madre Divina que mora en vuestro interior.

Vuestro orgullo maternal no debería limitaros ni tornaros posesivas, solo así seréis verdaderamente Bendecidas y diréis:

"Me siento orgullosa no de uno o dos hijos, sino de todos los hijos que tengo a través de la tierra entera", solo entonces llegareis a identificaros con la Madre Divina.

La madre que considera a todos como sus propios hijos, no es ya una madre mortal; semejante mujer se convierte en la madre inmortal.

Esto es lo que han sido todas las santas, quienes han realizado la siguiente verdad: "este amor que sentía yo hacia mis seres queridos los siento ahora hacia todos.

Sé que no soy este cuerpo, soy la omnipresente Madre Divina".

Reflexionad en lo que podéis convertiros, en lugar de una simple mujer, podéis ser la Madre Divina misma ¿Y por qué no?.

Ella nos ha creado a su semejanza y debéis manifestar su imagen a través de vuestro amor a todos.

El amor incondicional al cual me refiero no es un amor ciego.

No se trata de ignorar los errores de un niño, sino de amarle a pesar de sus faltas.

No debéis desconocer sus acciones erradas, ni apoyarlas.

Aun aceptando ardientemente el amor de mi padre y de mi madre, yo no deje jamás por ello de notar los defectos de ambos.

Mi padre era excesivamente estricto, y mi madre excesivamente dulce.

Fue así como comprendí por vez primera la verdad de que cada padre debería atemperar su razón con un cierta dosis de amor, mientras que cada madre equilibrar su amor mediante la razón.

En mi Maestro en cambio hallé la severidad del padre y la bondad de la madre, sin la ceguera de ninguno de ellos.

Todas las dificultades humanas nos han sido dadas como escuela; no para identificarnos con ellas, sino para transformarlas.

Si podéis aprender a considerar a vuestra madre como una manifestación del amor incondicional de la Madre Divina, cuando ella se haya marchado encontrareis solaz al recordar que vuestra madre terrenal no era sino la forma en que la Divina Madre vino a morar entre vosotros por un breve tiempo y si habéis perdido a vuestra madre debéis hallar a la Madre Divina oculta mas allá de los cielos.

Jamás podréis perder a la Madre Suprema.

La madre que amasteis es una manifestación de la Madre cósmica, ella vino a velar por vosotros un cierto período, para fundirse luego nuevamente en el ser de la Madre Divina.

¡Cuán bien conozco yo esta verdad y como debí sufrir para aprenderla!.

Mi madre terrenal lo era todo para mí, mis alegrías se despertaban y se dormían en el firmamento de su presencia.

Recuerdo aquel viaje a casa durante el cual sentí intuitivamente que ella había fallecido, al llegar a la estación ferroviaria, corrí al encuentro de mi tío, y le pregunte: "¿Vive ella aún?", ¡ Cuán grande fue mi alivio cuando él respondió afirmativamente!.

Si hubiese confirmado mis temores yo estaba dispuesto a arrojarme bajo las ruedas del tren.

No obstante, los sucesos demostraron que mi tío no había dicho la verdad temiendo la reacción drástica de mi parte.

Cuando supe que mi madre había muerto, comencé a buscar por doquier sus amantes ojos, hasta que las estrellas mismas se convirtieron en negros ojos que me contemplaban... más no eran aquellos ojos que yo amaba.

He escrito esta búsqueda en uno de mis poemas, no me fue posible hallar solaz alguno hasta que...

Buscando incasablemente a mi madre desaparecida, encontré finalmente a la Madre Inmortal.

En la Madre Cósmica hallé yo el amor que había perdido al perder a mi madre terrenal.
                          
Buscando incesantemente en los incontables ojos de la Madre, encontré aquellos dos ojos negros desaparecidos.

Fue entonces cuando al preguntarle a la Madre Divina...  ¿ Por qué arrancaste tú del anillo de mi corazón el diamante del amor de mi madre? ¨Ella me habló de su omnipresente amor.

Parte de lo que me dijo aparece a continuación:

Te arrebaté aquellos dos negros ojos que te aprisionaban para que pudieses encontrar esos mismos ojos en Mis ojos,   … en la tierna mirada de todas las madres de ojos negros    … y para que pudieses percibir en todos los ojos negros solo la sombra de mis ojos.

¡Si solo os fuese posible experimentar el arrobamiento que se apoderó de mí ser cuando sentí que aquellos ojos negros de mi madre me contemplaban desde todos los sitios, desde cada partícula del espacio!!

Cuán hermosa fue aquella experiencia!

Todo mi pesar se convirtió en gozo.

Si oráis profundamente como lo hice yo, recibiréis una respuesta audible.

Vuestras oraciones no son aún lo suficientemente profundas.

Más cuando oráis con el corazón, elevando incesantemente vuestro llamado, con la determinación de no dejar de orar hasta recibir una respuesta, la Madre Divina os responderá.

Y veréis en ella a vuestra propia madre.

Para mí, toda mujer es ahora una madre.

Incluso allí donde se puede apreciar apenas una mínima manifestación de bondad, veo yo a la Madre.

Cuando pensáis en Dios como vuestro padre o madre, comprendéis por qué Él jamás abandona a nadie, y cómo le es posible perdonar incluso al más grande pecador.

Cuando quiera que consideréis que vuestros pecados son inconmensurables, cuando quiera que el mundo diga que no valéis nada, apelad a Dios en su aspecto materno.

Decid: Madre Divina, aún cuando yo sea un mal hijo, soy tu hijo.

Cuando recurrimos a su aspecto maternal, Dios nada puede decir, le derretimos.

Más no me interpretéis equivocadamente.

Ella no os apoyará si continuáis errando.

Junto con apelar a la Madre Divina, os es necesario renunciar a vuestras malas acciones.

Hay una gran sabiduría en la práctica de la confesión.

Esta no solamente limpia vuestra conciencia, sino que os aclara vuestra posición: os hace ver aquello que debéis hacer y aquello que debéis evitar.

Así por ejemplo, cuando acudimos a un médico, debemos relatarle todo lo que concierne a nuestra enfermedad, y él nos prescribirá un tratamiento, y si seguimos sus instrucciones, sanaremos.

Más si continuamos actuando equivocadamente una y otra vez, jamás recuperaremos la salud.

Así sucede también con la confesión espiritual.

Conozco a un muchacho que solía decir: Puedo hacer lo que me plazca, puesto que la próxima semana, cuando me confiese, seré perdonado.

Éste es un enfoque equivocado de la confesión.

Si al confesaros no renunciáis simultáneamente al mal, jamás obtendréis el perdón.

COMO CONQUISTAR EL AMOR DE LA MADRE DIVINA:

Si con toda sinceridad os determináis a rectificar vuestros errores, y apeláis a Dios como Madre, Ella cede rápidamente, pues habéis recurrido a su ternura y a su amor incondicional.

Al adorar a la Madre podréis decirle cara a cara: Divina Madre, bueno o malo, soy tu hijo.

¡Quiero fundirme eternamente en tí!

¡Madre perdóname!

Después de todo soy tu hijo.

Lo que he hecho, hecho está, todo ha pasado ya y no lo volveré a hacer.

La Madre Divina dirá entonces: has sido rebelde, apártate de mí, más vosotros responderéis: ¡Tu eres mi Madre Divina y tienes que perdonarme!

Tal vez la Madre Divina sugerirá: Pídeme la salvación y te la daré, pídeme sabiduría y te la concederé, más no me pidas mi amor, pues si te lo llevas, me quedaré sin nada.

Más si aún así el devoto exclama: ¨!Madre, yo solo quiero tu amor!, entonces la Madre Divina responderá: puesto que eres mi hijo y me has dicho que soy tu Madre ¿cómo no habría yo de perdonarte?, y os entrega Ella su última posesión: su amor Divino.

Así pues, si tenéis debilidades, si habéis fracasado en vuestra lucha contra la tentación, no desesperéis.

Recordad que ante Dios, todos somos pecadores.

No obstante un santo no es sino un pecador que jamás se dio por vencido.

Y podéis convertiros en santos si perseveráis en vuestros esfuerzos, hasta que recibáis el amor incondicional de Dios.

EL PODER DE LA DEVOCIÓN DE UN SANTO:

En India, solía yo visitar con frecuencia a cierto santo.

La primera ocasión en que acudí a él, debí aguardar en silencio durante cierto tiempo pues me dijo : ¨estoy conversando con la Madre Divina¨.

¡Él era tan grande, y no obstante tan dulce y sencillo!.

Su apariencia entera irradiaba el amor de la Madre Divina, y cuando me encontraba en su presencia, aquellas vibraciones anegaban todo mi ser.

Cada vez que le veía conversando con la Madre Divina, sentía en mi corazón un amor infinitamente mayor, que aquel que había experimentado jamás hacia mi madre terrenal.

Me es imposible describir tal emoción, sentía que no podría continuar existiendo un solo momento más, sin la presencia de mi Madre Divina.

En cierta ocasión , acudí a éste santo con la siguiente pregunta : ¿Cómo es posible que usted comulgue con la Madre Divina, mientras que yo no puedo hacerlo?

Le ruego que le pregunte a Ella, si me ama, ¡debo saberlo!

Yo no siento su amor en el presente, más quiero llegar a Ella.

¡Debo saber si Ella me ama!...

Luego de insistir largamente obtuve finalmente la siguiente respuesta del santo: está bien, se lo preguntaré.

Aquella misma noche tuve una maravillosa experiencia, la cual atesoré silenciosamente en mi interior.

Uno o dos días más tarde visité nuevamente al santo, cuyos ojos entornados vagaban en las selvas del infinito, rebosando un amor incomparable.

Jamás he visto semejante amor a Dios en la mayoría de los misioneros que acuden a la India a salvar a los herejes.

Pero he visto también muchos sacerdotes y maestros hindúes desprovistos de tal amor.

No obstante he encontrado ocasionalmente grandes Maestros, en cuyos ojos he percibido el fulgor de Dios.

Yo solía prosternarme a los pies de éste dulce santo, pues sabía que la Madre Divina sonreía en su ser.

Así pues, al acudir a él, le pregunté: ¿qué dijo la Madre Divina acerca de mi?¨, pícaro muchachito, pícaro muchachito¨, respondió él.

¿Qué dijo la Madre Divina? Insistí yo, usted me prometió darme una respuesta ¿qué dijo Ella?

Más el santo repitió solamente: pícaro muchachito.

Comprendí que él podía ver mi interior y sabía que yo estaba ocultando mis pensamientos con el objeto de comprobar si la experiencia que había tenido era real o no.

No obstante, insistí una vez más: ¡usted, me lo prometió! ¿a que se debe que vosotros los santos seáis siempre tan enigmáticos?

Entonces él respondió: ¨has venido a ponerme a prueba?, eso no está bien, ¿no acudió acaso la Madre Divina a ti la noche anterior en la forma de una hermosísima madre, diciéndote: ¨Yogananda, siempre te he amado, ¡Que difícil me fue entonces controlar mi alegría!

Un gozo inefable se apoderó de mí ser entero.

Había yo estado meditando durante todo el día, hasta que escuché aquella respuesta, y cuando acudí al santo y oí de sus labios aquellas mismas palabras ¿qué podía yo pensar?

Solo una cosa, mi Madre había respondido verdaderamente.

Cuando éste santo hablaba se asemejaba a un niño pequeño.

En sus ojos refulgía la luz de los ojos de la Madre Divina.

“Quien quiera que la busque, la encontrará”, decía él.

Más es necesario hacer el esfuerzo.

Cada vez que pienso en él, un hondo arrobamiento se apodera de mi alma entera, y mi corazón se inunda de un amor tal, que me es imposible continuar hablando.

El me dijo que mi Maestro vendría a mí más tarde, y entretanto me enseñó la senda del amor a Dios.

Posteriormente mi Maestro habría de enseñarme la vía de la sabiduría.

Aquella combinación me aportó lo que yo necesitaba, la completa manifestación de Dios como Padre-Madre.

Cada vez que deseo ver a Dios como la Madre Divina, pienso en su amor y en como perdona Ella a todos.

Es un maravilloso privilegio el poder amar a Dios en cualquier aspecto suyo que nos sea más necesario, como Padre cuando buscamos la sabiduría y como Madre cuando necesitamos de su perdón.

En éste último caso podemos decirle:

¨Madre, todo cuanto puedo darte es el inconmensurable amor de mi corazón.

Tu sabes que te amo más que a todos los dones que me has dado ¿cómo puedes mantenerte apartada de mí?

Haced de ésta vuestra continua oración.

Cuando descubráis que ya no os interesa tanto vuestro alimento, vestimenta, ni posesiones, cuando todas las cosas relacionadas con estos asuntos comiencen a desvanecerse en vuestra conciencia, sabréis entonces que os estáis aproximando más y más a Dios.

Y si tan solo una vez sentís en vuestro corazón aquel amor que es el amor paterno y materno, el amor filial y el amor del amante y del amado, sabréis que sois uno con el amor de Dios.

LA OMNIPRESENCIA DE LA MADRE:

No existe nada más maravilloso que el sentir que Ella se encuentra con nosotros.

Meditad en la presencia de la Divina Madre, quien velará por vosotros en todos los aspectos, ayudándoos en toda dificultad, sea ésta un pesar, dolor, o enfermedad.

Aprended a servir a la Madre Cósmica, así como serviríais a vuestra propia madre, comprended que os encontráis aquí para amarle a Ella, y para colaborar con su obra, con igual celo con el que os ayudaríais a vosotros mismos.

Todos los tipos de amor humano, en su más perfecta expresión, son absorbidos en el amor de Dios.

En cierta ocasión, encontrándome en Palm Springs, dedicado a entonar cánticos religiosos de la India bajo el cielo del desierto, súbitamente vi a la Madre, la Madre Divina…, cuán grande es Ella.

Cuán amante....

!Cuán importante para vuestra felicidad es Ella!

EL ÚNICO AMADO:

Os encontráis en el mundo solamente por un breve tiempo, más la Madre es la fuente de todo bienestar.

Todas vuestras experiencias son temporales, solamente vuestra relación con Dios es permanente e inmortal.

Así pues, no debéis dejaros engañar por las tentaciones mundanas, olvidándoos del Señor.

El Creador puede ser conocido.

El Amo-Ama del Universo, que titila en las estrellas, cuyo hálito de vida palpita en cada brizna de hierba.

El-Ella  es a quien debéis encontrar.

Y tal encuentro es lo más importante en éste mundo.

En las piedras, las palmeras, en todos los sitios.

Es verdad que Dios no tiene forma.

Más para complacer a sus devotos, puede asumir cualquier forma que ellos anhelen, y fue así como Ella se me presentó por doquier, mientras yo cantaba la siguiente canción:

Madre, elevo a Ti el llamado de mi alma, ¡no puedes permanecer oculta por más tiempo!

¡Emerge del Cielo silencioso, sal de la cueva del silencio. ¡No podéis imaginaros cuán maravillosa es.

Debéis buscar al Bienamado en el templo del silencio.

Cuando vuestro corazón apele una y otra vez a la Madre Divina, con una devoción y atención siempre constantes, le encontraréis.

Dios puede ser realizado, Dios puede ser conocido.

No os hablo acerca de un Dios desconocido, sino de Uno a quien he conocido, Uno que me es más real que todos los objetos que nos rodean, Uno que es el Océano que yace bajo las olas de nuestras vidas.

Podéis prescindir de todo lo demás pero no podréis prescindir de Dios.

Recordad esto:

¨El Bienamado solo puede ser conocido en el secreto de vuestra devoción, si exponéis ante otros vuestro amor, no tendréis éxito.

Debéis rendirle culto al Bienamado Divino en el templo de vuestro silencio, rogándole continuamente ..! Revélate, revélate, revélate!.

Está bien orar ocasionalmente por la satisfacción de vuestras necesidades, más vuestro supremo anhelo debería ser el conocer a Dios.

Y El no puede ser conocido sino a través de la aplicación de las leyes divinas, es decir, siguiendo alguna de las vías que conducen a la Fuente.

Debéis realizar en vuestro interior todos aquellos principios espirituales que estudiéis, y es posible hacer esto a través de la meditación.

No temáis que al pensar en Dios, (ya sea como Madre, Padre, Amigo o Bienamado) podáis perderos en el Infinito, ya que si así os perdierais, vuestra ganancia sería inmensa.

Quien procure salvar su vida, la perderá, más quien pierda su vida en Dios se volverá inmortal.

Debéis expandir y disolver vuestra conciencia en la conciencia inmortal de Dios, manifestado como la Madre Divina en vuestro interior.

Realizad lo siguiente:

¨Dios como la Madre Divina está tanto dentro como fuera de mí, en todo lugar.

Me prosterno ante Ella.

¡Yo y mi Madre Divina somos uno!

¡Yo y mi Madre Divina, somos uno!

Madre Divina, me prosterno ante Tu presencia Tu estás en el altar del cielo y del océano

En el altar de las religiones universales

Y ante Tu ser manifestado en los grandes Maestros Me prosterno ante Ti como Madre Y contemplo Tu expresión en todas las madres

En el fondo de las canciones de todas las almas Quiero escuchar Tus sones ¡Madre Divina.

¡En las ondas del mar Quiero observar el juego de Tus músculos

Al vagar a través de los bosques de mis inquietos pensamientos.

Seguiré la senda de la concentración Que conduce a Ti

Eres el amor que yace en el fondo de todo afecto

En el paternal, el conyugal y en toda

amistad.

Eres el amor de todos los amores.

!!!!!!!!!!Bendíceme,
Bendíceme,
Bendíceme!!!!!!!!!!!!!

Paramahansa Yogananda


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